10 septiembre 2006

Comer II

De las parrillas es destacable lo mucho que tienta. Los olores a carne humeante son un signo más de la ciudad e invitan a entrar y además de ser garantía de disfrute pleno, pues es un abundante manjar. Si se aprende a pedir, por lo que dan a dos comen tres y no es caro, se disfrutan más en los locales mas populares. Rematar el banquete con un panqueque relleno de dulce de leche o de manzana es la gran final.

Ahora ya no nos extraña ver porque anuncian constantemente por la tele antiácidos y otros digestivos. Es lo malo, uno no puede comer siempre eso pues no lo aguanta tu salud y es una pena.

Por fortuna están las pastas que son casi siempre caseras. En un bodegón típico de barrio una señora fabrica la masa en una mesa al lado de los comensales. Raviolis rellenos de ricota (requesón), sorrentinos de espinaca, fetuccinis con distintas salsas de tomate, con boloñesa, con bechamel, etc.... Al probar la pasta en Buenos Aires ocurre como con las pizzas, un salto enorme darse cuenta de que es otro mundo de sabores y texturas. Hasta hay pizzas hechas a la parrilla de leña.

Si acabamos en los postres puedo afirmar sin exagerar que hay casi una heladería en cada esquina pues es toda una pasión. Helados muy cremosos y abundantes a precios sorprendentemente altos pues vale lo mismo un kilo del mejor solomillo de ternera que un kilo de helado. Aún nadie ha conseguido explicarme el motivo de tamaña desproporción.

Pero como un español no puede comer solo de carne asada, pasta, pizza y helados, tiene que emprender la búsqueda hacia lo diferente en la aquí, cursimente llamada, cocina de autor o también lanzarse al paraiso del sushi pues hay muchos locales para elegir o también descubrir buenas cocinas de otros países como la peruana, mejicana y española mas clásica. Todos suman una interminable lista de restaurantes que apetecen y otros muchos que están esperando.

En la cocina de autor se destacan las impresionantes carnes a la parrilla con finas y atrevidas guarniciones, fusiones y presentaciones creativas, descubrir que la patata argentina es un manjar, excelentes woks de verduras, ensaladas gigantes, buena comida árabe, y entre otras cosas la espectacular bondiola de cerdo, que cuando esta bien hecha supera a la vaca. Casi siempre con ingredientes frescos y de calidad. La carta de postres es siempre perfecta pues siempre apetece algo que no decepciona.

Aunque queda mucho que contar se puede decir que cuesta acordarse de platos que dejaran un recuerdo inolvidable aunque los hay, pero también es difícil recordar donde se come mal como para no volver.

Ahora nos queda tratar de sorprender con un tumbet con lomo del rico cerdo argentino a un amigo que hace una semana nos deleitó en su casa con una exquisita cena. Creo que no será difícil.

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