22 julio 2007

Desde aquí

De manera cotidiana tratamos de no perder el hilo de la actualidad en España. Hemos vivido de manera diferente acontecimientos importantes desde el hemisferio sur. Se le hace uno raro enterarse del atentado de Atocha estando afuera y mas si te lo dice el portero del edificio a las siete y media de la mañana cuando acompañaba a nuestra hija al colegio. Mas, si en el colegio un padre de una compañera de clase de nuestra hija, al verme, me dice que su hermano que vive en Alcalá de Henares iba en ese tren y estaba ileso. Tremendo.

Sin embargo, basta con leer los periódicos argentinos para llevarse una idea precisa, sin polvo y paja, de lo que acontece en España. Todo gracias a la justa resonancia en los papeles locales que tiene la vida del país del que provienen tantos argentinos. Todos los mallorquines se quedarían estupefactos (me pasaba, al principio) al ver como las elecciones catalanas ocuparon su espacio durante tres días en las primeras paginas de la sección internacional en los diarios de acá. También los problemas de la inmigración en España, el papel de las empresas españolas en el cono sur, la operación Malaya, etc. Pero el que les fascina con motivo es el eterno conflicto en el País Vasco pues no hay movimiento del problema que no vea su reflejo en tinta argentina. Si uno nota la inmensa cantidad de apellidos vascos que nombran calles y personas le parece que fueron mas los vascos que los gallego. Será por eso.

Hay que reconocer que los asuntos Baleares pasan a un humilde puesto en la cola de la clasificación pues para unos exiliados rezuman tanto sabor mallorquín que al final solo nos llega al recuerdo el pertinaz, esencial e inolvidable olor a la sobrasada. Sorprendentemente, más que el salitre mediterráneo. Una vez hace pocos meses nos llego un ejemplar de un periódico insular y nos preguntamos si realmente había cambiado algo además del paisaje de cemento. Dicen que las grúas son las mismas, están siempre y que solo van cambiando de lugar.

Como en todo el mundo aquí se recibe TVE internacional y da pena ver que un noticiero (así le llaman a los telediarios y parece el nombre de una máquina de chorrear noticias,), dura media hora justa con los deportes y el meteorología incluidos. Ya era así en todos los canales, me acuerdo y nunca lo podía entender. Claro que aquí se pasan tres pueblos en el sentido opuesto, interminables telediarios en casi todos los canales locales trufados de debates eternos y comentarios informales del presentador, preguntándose una y otra vez como pudo ocurrir tan cosa y quien tuvo la culpa. Siempre buscando mas el morbo que la verdad.

En definitiva, todo se ve de otra manera cuando se lleva todo este tiempo en el extranjero. Se decanta lo que realmente parece importante y lo más entretenido es ver que con el reducido goteo de imágenes, se percibe con aterradora claridad el paso del tiempo en las personas publicas que atiborran la televisión y las prensa de España. Observas con diáfana nitidez a quien los años le juegan en contra y a quien no. Es raro.

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