06 mayo 2007

Los countries


Hay otra forma de vivir Buenos Aires que nada tiene que ver con la ciudad. No hay mas que tener un coche y ganas de trasladarse de un lado a otro con el. Están al menos a media hora del meollo de la metrópoli y son un remanso de silencio y naturaleza. Los hay muy exclusivos y los que no tanto, de hecho, la primera que vez que vimos uno de esos elegantes barrios nos quedamos asombrados, pues es como un mundo aparte donde todo es controlado, desde el silencio, los visitantes pasando por los nuevos socios y los antecedentes de los jardineros.

En ese country llamado Abril, araucarias, olmos y otros majestuosos árboles sembrados hace muchos años decoran los alrededores de chales de estilos variados que podrán gustar o no gustar pero son armoniosos, estilizados y coherentes. Cuando digo chales, no son de medio pelo, son como las normales de Son Vida o mejores pero multiplicadas como si hubieran caído del cielo. Hay sitio y buen gusto para todos. En los jardines de cada casa se puede jugar un partidito de fútbol y como no hay problemas de agua, el verde es intenso y exuberante. La herramienta clave es la podadora. Siempre todo pulcramente cortado por una de las maquinas mas importantes de la Argentina. Hasta los arcenes de todas las carreteras del país se les corta la hierba cada tanto y queda muy prolijo, como se dice por aquí lo que esta bien acabado. Por cierto, se puede visitar uno de esos barrios y encontrase 18 hoyos incluidos en el recinto, cuando no un campo de rugby, pistas de tenis, un colegio, lagos etc. Si ya al turista mallorquín de visita le alucina la categoría de muchos barrios y edificios de Buenos Aires, le sonrojaría observar que solo en uno de esos barrios selectos hay mas bellas casas que en toda la Bonanova y Son Vida juntas, sin exagerar y generalizando claro, algunos porteños han sabido absorber lo mejorcito del buen gusto que ven o ha visto en Europa.

Los barrios cerrados se distinguen de los countries porque no poseen clubhouse, piscina y lugares de ocio comunes. Lo que tienen en común es la verja que separa ese mundo del real pues demasiadas veces lo que lo rodea es un asentamiento precario de gente muy humilde. Hay que decirlo; una de las cualidades de un buen country es que no este lejos de la autopista y no se vea demasiada pobreza en el camino. La obsesión que ha hecho florecer este tipo de urbanizaciones es la de la seguridad pues miran los maleteros de todos los visitantes y revisan el bolso de las empleadas de servicio, siempre a cargo de una empresa de seguridad privada. Uno de los libros mas vendidos aquí ha sido una novela que narra como en un barrio cerrado protegido a cal y canto de extramuros, suceden muertes y tragedias nacidas de la corrupción moral de sus habitantes mejor vistos.

Seguramente gente que se paso la vida criticando la aislada vida de country donde los niños se crían sin saber lo que es un semáforo, ahora los disfrutan rendidos y en paz a la evidencia del hartazgo del ruido y horror del trafico allá en el centro.

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