16 abril 2007

El Sur

San Carlos de Bariloche es una ciudad dedicada al turismo, es un enclave curioso pues esta alejado de todo lo demás por mas de mil kilómetros excepto de los pueblos aledaños, lagos y las montañas. Casi siempre esta en temporada alta, cuando no hay viajes de estudios, hay turistas de todo el mundo. Se puede navegar, esquiar, pescar, volar y conducir por parajes increíbles, pues hasta que no lo ves , no te lo crees.

Son los siete lagos hasta San Martín de los Andes, son las cumbres nevadas, el Nahuel Huapi que baña rincones idílicos, incluido Bariloche que aunque ya esta empezando a enfermar de desarrollo turístico, tiene la capacidad de atraer a mucha gente pues es el centro logístico que provee a montones de gentes que abandonaron otros mundos y se refugiaron en la naturaleza pura y dura, según se mire. Lo que mas alucina es la infinita inmensidad de parajes salvajes de montañas, pinos, abetos, lagos y ríos. Es inabarcable, sobretodo para alguien salido de una isla de ochenta kilómetros pues solo llevábamos seis meses cuando fuimos.

A veinticinco kilómetros de Bariloche hay un hotel impresionante entre dos lagos y 18 hoyos de verde brillante, es el Llao Llao. Todo en madera al mas puro estilo medio alemán del lugar y con lujos variados para el que quiera eso. Si uno desea la intimidad de seis habitaciones, sentirse y comer como en casa y el trato especial de Gonzalo ha de alojarse en La Posada Los Juncos. Esta de camino frente al lago. Desde ahí la recomendación obligada es alquilar un coche y en diferentes días visitar Villa la Angostura, recorrer el circuito chico, ir hasta San Martín de los Andes, El Bolsón, el Bosque de los Arrayanes, Cerro Catedral, Villa Traful y un largo etcétera de rincones.

El Sur es todo desde río colorado hacia abajo, cuando alguien viene de ese viaje, dice: "vengo de El Sur", como si fuese un pequeño lugar pero en realidad tiene el tamaño de dos Españas. Dicen que cuando uno va en coche al Sur cruzando los hostiles parajes de la Patagonia, los paisajes, hasta llegar a las montañas, son tan homogéneos y aburridos que se puede sentir no ir a ningún lado, estar en una cinta sin fin, quieto e inmóvil mientras el coche avanza por rutas rectas infinitas. Debe ser una sensación interesante la de creer estar parado sin ir. La mitología patagónica esta embebida de lejanía, soledad y mucha ensoñación pero el viento y plantas similares al carritx pueblan llanuras y leves colinas durante distancias casi insalvables queriendo arrebatar ese sueño de abandono. Aunque bien pensado uno no sabe si esta en manos de la nada o es la toda naturaleza preservada.

El único animal domestico famoso por este sur es la oveja patagónica. Que nadie se engañe queriendo saborear el aquí famoso cordero patagónico, viniendo de España todo cordero es prescindible a la hora de comérselo. Mejor comer salmon, trucha, embutidos y cervezas artesanales.

Los auténticos fanáticos de sur mas desconocido y bello no van a esos lugares, viajan a rincones mas escondidos, fincas casi secretas y ríos donde pescan salmones y paz.

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