01 julio 2007

ONCE

Los aledaños de la calle Corrientes a la altura de la calle Pasteur y otras confluencias reciben el nombre de ONCE. Pasearlo es de esas experiencias turísticas diferentes al margen de las guías hechas por extranjeros. El barrio es un galimatías de comercios cutres de mercancía barata con aceras estrechas y multitudes variopintas circulando de un lado a otro. Cada manzana suele agrupar comercios del mismo rubro; ferreterías, cotillón, bisutería, telas, juguetes y decenas de categorías a cual mas vistosa. Escaparates repletos hasta arriba, colores y formas que atrapan la mirada, desvencijados exteriores sin nombre donde se vende casi siempre todo al por mayor. No entienden muchos porteños que nos atraiga de esa manera. Se puede decir que uno esta en el barrio cuando empieza a ver muchos judios con la kipá pues es uno de sus barrios.

Es una mina para comerciantes minoristas, buscadores de lo bizarro, gangas variadas, etc... Yo, cuando he necesitado cualquier objeto para unas fotos lo he encontrado paseando por ONCE, desde una plancha de porexpan a un gato de peluche, lo que sea. El otro día fuimos a comprar un hule para una mesa y se convirtió en la experiencia del día. Llegamos al lugar sin saber lo que nos deparaba el comercio.

Una entrada sin letrero, gris y sin mas gracia que su inédita decoración. Daba a un estrecho y largo pasadizo atiborrado de tubos y mas tubos de toda clase de colores y estampados de hules y plásticos. Nada mas que eso. Todo lleno. Al fondo un viejo mostrador desvalijado y tras el torres de papeles y cajas que parecían abandonadas hace décadas, las paredes agujereadas y desconchadas eran el entorno de dos señoras maquilladas pero con aspecto de no haber salido del barrio en años.

Una de ellas salió y por un agujero que daba a un sótano comenzó a llamar en voz alta al encargado de la tienda. "Papito, papito!", pero el no salía nunca. Asombrados, esperábamos al hombre, pero no salía. Para poder contar con la presencia del dueño tuvimos que salir a la calle y tocar el timbre insistentemente pero nada, ni caso. Finalmente, como de ultratumba salio un anciano parecido al padre de Woody Allen en "Toma el dinero y corre" y fue en ese momento que las dos señoras siguieron su animada conversación sin hacer caso del teléfono que sonaba sin parar.

La simpatía del hombre trascendía lo insólito, una amabilidad a la vieja usanza envolvía su conversación en un lugar anclado en el tiempo. Preguntó lo de siempre, inmediatamente después de haberse percatado de que éramos españoles: "¿ De qué parte de España son?" (Nunca dicen: Españoles?, no. Lo que quieren saber de que lugar). Cuando dijimos que éramos de Mallorca, emocionadísimo confesó su fascinación por lo que llamaba el paraíso. Estuvo hace un año pero no podíamos creer que ese hombre había salido alguna vez del barrio, y no solo eso, el hombre entusiasmado nos pregunto: ¿Conocen a Antonio Banderas?. Boquiabiertos respondimos que si. Bueno pues nos contó que Banderas había rodado tres películas en Argentina y nada mas y nada menos que el había sido su profesor de tango.

El barrio esta tragicamente envuelto en tragedias terribles muy recordadas por los argentinos, una fue el atentado antisemita a la Mutual Judía hace unos diez años donde murieron 80 personas y la muerte de 194 chicos y chicas en un concierto en la navidad de 2004.

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