12 agosto 2007

Cuatro años


Hoy, doce de Agosto, se cumplen cuatro años. Salíamos de Palma con las maletas en un planificado exilio mitad huida, mitad búsqueda. La primera, con solo aterrizar a diez mil kilómetros en el hemisferio opuesto, se veía más que cumplida pues es muy lejos, el destino de la búsqueda fue apareciendo al principio en arrebatos de intuición ya en Mallorca y al llegar, con el lento pasar de los días salía a flote en cada detalle y matiz de las vivencias cotidianas.

La sensación de lejanía y cercanía se entremezclan extrañamente. Por un lado estamos mas lejos que la China pero por otro las gentes, el ancestro cultural y el idioma te acercan tanto que te hacen olvidar los kilómetros y las dieciocho horas que separan la puerta de nuestro piso de las puertas de Palma. Se percibe así.

Pasamos de la inmersión lingüística mallorquina a tratar de comprender el viejo y nuevo idioma a la vez. Ese ha sido el mas largo de los viajes pues aunque respondíamos que la adaptación había sido inmediata, sólo el nuevo idioma nos impedía disfrutar de la comunicación y sentirnos culturalmente en equilibrio. La natural y espontánea calidez humana que recibe un español es insólita y si esos mallorquines además han elegido su tierra la amabilidad se torna increíble, sobretodo al principio. La pena es que con el paso del tiempo se va diluyendo la vieja referencia y lo poco que queda es la vergüenza al pensar en el inverso trato que recibe generalmente un latinoamericano en nuestras islas.

Como decía, aquel trece de Agosto e 2003, al llegar al aeropuerto de Buenos Aires, nos esperaba una habitación triple de hotel y la ansiosas esperanzas en manos de la otra familia, la de aquí. Nos esperaban todos en una popular parrilla que por azares de la vida se encuentra a solo unos metros de nuestra actual vivienda (Buenos Aires es testigo de muchas y extrañas coincidencias). Se nos desveló que se puede vivir sin coche, sin dvd y lo mas raro, sin el mar cerca.

Decía un escritor que uno no es de una ciudad hasta que no se ha aburrido soberanamente en ella. Buenos Aires será difícil que sea esa ciudad, parece entreverse que no seremos nunca de la ciudad, es obvio, sin embargo hay a veces algunos días de verano húmedo donde se mezcla el lejano y sutil olor a carne asada con el vapor del pavimento recalentado y es en esos precisos instantes cuando aciertas a oler tu vida aquí sin desear nada mas y sintiendo tuyas estas calles.

Agrego que se han forjado tantas e intensas amistades en este tiempo que parece incomprensible. Argentinos de aquí, argentinos que viven allí, españoles y extranjeros de visita por el lejano sur que no me hacen dudar ni un momento en mi decisión de nombrarlos en una suerte de emocionada dedicatoria. Pero son muchos.

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1 comentarios:

Blogger Bicho Malo ha dicho...

Tomeu

Sos un genio!

La argentina de Valencia...

Saludos con mucho frío y mucha agua!!

24/10/07 16:41  

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