05 agosto 2007

El Gauchito Gil y la Difunta Correa

Se repiten constantemente en lugares escogidos, generalmente en la vereda de las carreteras. Uno de ellos, al comienzo es una mancha de color rojo y a medida que te acercas se van perfilando las formas. Pasas tan rápido que no te da tiempo a ver que es, sólo se ven unos trapos colgando de cañas, banderas improvisadas todas del mismo color rojo. A veces he llegado a ver objetos colorados como botellas de coca-cola y en el centro una estatuilla del venerado gaucho con su atuendo típico: botas, pantalones abombados, cuchillo, pañuelo y sombrero. Preguntas y te dicen que es lo del Gauchito Gil, un santo profano. Si tocas la bocina al pasar con el coche te desea un buen viaje.

A finales del S. XIX ,El Gauchito Gil fue un buen hombre que antes de ver a sus hermanos en guerra desertó y antes de ser degollado boca abajo invocó la curación del hijo del que ordeno su muerte, de forma milagrosa. No se si el color rojo es por la sangre derramada o por el color de uno de los bandos en liza, el colorado.

En el santoral no profano se encuentran la Virgen de Lujan y San Cayetano, se repiten con mucha mayor profusión, es imposible pasar un día sin ver alguna de esas imágenes en un taxi, autobús o en cualquier otro lado. Son en este caso adoraciones legitimadas por la iglesia. En Buenos Aires hay muchos lugares donde se venden miniaturas, objetos y recordatorios religiosos, son las santerías. El gran respeto y religiosidad argentinos se observan viendo la cantidad de gente que va a las iglesias, las peregrinaciones y demás sagradas festividades. La mas chocante de las costumbres es la de ver como mucha gente de santigua al pasar por delante de las iglesias, vaya caminando o en autobús. Cualquier ciudad española es un reto para un argentino reverente y emigrante. Si uno cuenta la cantidad de templos que hay, ya puede hacer las cuentas; se pasaría el día santiguándose. Nuestra cuñada argentina hace tiempo que desistió después de vivir muchos años en la Calle San Miguel.

La Difunta Correa es el otro personaje adorado por el pueblo, en este caso los improvisados santuarios se reparten a lo largo del país aunque es en la provincia de San Juan donde esta lugar de peregrinaje, en el pueblo de Vallecito.

Son montones de botellas llenas de agua apiladas alrededor de la imagen de una mujer muerta con un bebe alimentándose de la leche materna. La historia proviene del trágico final de una mujer obligada a ser concubina de un comisario que envió a la fuerza al ejercito al amado esposo. Es un canto al amor conyugal y materno sin limites pues ella murió de sed en la huida en busca de su marido mientras el bebe que llevaba en brazos sobrevivió mamando el cuerpo inerte. A partir de ahí la historia se llena de misterio y milagros que hace 150 años corrieron por toda Latinoamérica.

De hecho, observar estos pequeños homenajes por los caminos le ubica a uno perfectamente de en qué continente se encuentra.

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