09 octubre 2006

EL noroeste argentino


Todos quieren venir a ver las cataratas y el glaciar. Son los destinos típicos donde el turista mallorquín se encontrara en su salsa, rodeado de desorientados guiris después del larguísimo viaje y además, sableados por precios que no ayudan a olvidar la idílica isla del euro.

Menos mal que ese gigantesco paisaje ayuda a contrarrestar el efecto. Nosotros aun no hemos ido pero nos lo han contado y es demasiado fácil imaginarlo, hay otros lugares por suerte y de momento. Por cierto, cada vez mas visitantes ven en el paso obligado de Buenos Aires, la sorpresa agradable de una ciudad que merecía más días.

El viaje como toca por estos lares es difícil de organizar desde el extranjero sin que se convierta en una suerte de estafa, y quizás por ello puede uno disfrutar de ser turista sintiéndose como un viajero, pues no hay ni un alma. Se necesita tiempo mas que dinero, volar en avión de nuevo, alquilar un coche y reservar las distintas paradas del recorrido, luego de planificarlas. Para colmo algunas de esas posadas no están en las principales guías y tampoco las organiza ninguna agencia de viajes. La única manera es buscar la revista argentina "Lugares" que trate del lugar y escribir emails.

En el noroeste argentino, en las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán... se reúnen los paisajes y rutas mas variopintas y sorprendentes que un mediterráneo puede esperar de un país que imaginaba de otra manera. Es la parte del altiplano, donde falta el oxigeno y los indios tienen la piel oscura ajada por el sol y seco viento de la puna.

Montañas extrañas de colores, pequeñas iglesias encaladas, quebradas, casas de adobe, rutas sin fin, valles eternos secos y de pronto verdes, caballos trotando por las colinas, vicuñas y llamas cruzando caminos, inmensos lagos de sal, cementerios adornados con flores de papel (no hay otras), cactus en vez de árboles y un sin fin de atractivos convierten ese viaje en inolvidable. Once días en una furgoneta mas dos grandes amigos, parando en pequeños hermosos hotelitos llevados por gente hospitalaria y casi todo el recorrido sin superar los setenta kilómetros por hora pues muchas rutas son pistas de tierra.

Tilcara, Humahuaca, Angastaco, Molinos, Abra Pampa, San Antonio de los Cobres, Cafayate, Cachi y Tafi del Valle evocan para siempre ese insólito paisaje que absolutamente nada tiene que ver con el mediterráneo. Allí, los pocos turistas pasan casi desapercibidos. Es el punto difuso donde una infraestructura turística mas arraigada se agradecería solo a veces y que por otro lado procuraría un reparto diseminado de la riqueza que echa en falta la región aunque viniendo de Mallorca todo siempre parecerá poco.

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