18 marzo 2007

El Río de la Plata


El pasado domingo fui invitado en barco. Un buen amigo se ha comprado uno a vela de treinta pies y esta encantado con su nueva adquisición. Es la primera vez que izaba las velas sin presencia del profesor que le formó durante el pasado año. Fue una experiencia realmente curiosa y agradable, en primer lugar sorprende estar en un barco y que sean aguas dulces las que te rodean y si además esas aguas son color café con leche, la visión es extraña, rara. Que sea el mítico Río de la Plata no basta para aplacar la incrustada costumbre del mar azul y profundo. Es como que no es lo mismo, ni lo puede ser nunca. Es una pena.

La parte del Río que separa Argentina de Uruguay en esta zona tiene un ancho de cuarenta kilómetros. Ir desde Buenos Aires a Colonia de Sacramento en Uruguay, lleva unas siete horas a vela o una hora en el ferry. Colonia es uno de los últimos pueblecitos coloniales de Sudamérica anclados en el tiempo, es un tópico turístico para los argentinos y un lugar pintoresco para cualquier turista. Esa es una de las rutas marítimas típicas por su belleza.

Navegar por el río es toda una proeza, hay que respetar los canales donde la profundidad es suficiente, y si hay que hacer eso haciendo bordos es mas complicado. La verdad es que mi amigo salio mas que airoso de su primera salida sin expertos pues todo fue como la seda. Me limite a recordar mi humilde ayuda marinera y mientras, la bandera argentina ondeaba amarrada al estay.

Tenemos un patrón iniciándose, un barco cuyo calado es de un 1,5 metros y un sonar que no subía de los 3 metros y un río plagado de embarcaciones. Todo bien y agradable, fondeados frente a Buenos Aires desde el río, es una particular línea del cielo interminable. Lo realmente estremecedor era la interminable cantidad de gente en barcos de recreo que habían tenido la misma idea, salir a navegar en un domingo perfecto de cielo azul y brisa y temperatura soñadas.

No podía creer la increíble afición a navegar. La autopista de salida hacia el norte de Buenos Aires se llama la panamericana, tiene seis carriles en ambos sentidos y es un río de coches en las horas punta. Bueno, pues el río era lo mismo pero sobre agua. Yates a motor de variados tamaños, optimist en plena clase, veleros, balandros, winsurfistas..., había de todo menos velomares. Uno de los barcos llevaba el nombre de "Formentor", lo mire medio alucinado y todos, obviamente, vigilantes para no colisionar.

Lo impactante es ver como el respeto marinero que aprendimos desde pequeños en el mediterráneo, ese saludo entre capitanes al cruzarse, las normas básicas de preferencia, etc... , en el río, demasiados argentinos se la pasan por donde les cabe, que aun no se donde es. No quiero ni pensar que seria de uno de esos marineros de agua dulce tratando de abrirse paso de esa manera entrando en la bahía de Palma. Sinceramente, me daba cierta vergüenza ajena. Debe ser que el río no es el mar.

Espero que mi amigo pronto nos lleve al inmenso Delta del Tigre, una entramado de canales rodeados de una vegetación preselvatica, que te transporta a una película sobre Vietnam. Solo hay que virar hacia el noroeste, río adentro. Allí no se puede ir a vela y es otro mundo impresionante que espero contar otro día.

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